Las crisis y los agitados cambios en nuestro entorno muy a menudo abren las puertas de nuevas oportunidades para la innovación, si tenemos ojos para verlas. Hasta la década de 1960, los saltadores de altura de élite utilizaban básicamente tres técnicas para tratar de superar el listón: el rodillo lateral, el rodillo ventral o el salto de tijera.

Todas ellas se caracterizaban por dar la oportunidad al saltador de aterrizar sobre sus pies (o por lo menos de hacerlo con mucho cuidado en el suelo) una vez que el salto se había realizado. Esto era esencial para evitar lesiones dado que la mayoría de superficies de aterrizaje en ese momento eran de arena dura, de serrín o de esteras amontonadas. 

Sin embargo, durante la década de 1960, el advenimiento de las más suaves superficies de espuma en la zona de caída de los saltos de altura minimizó esa preocupación por los aterrizajes seguros. El deporte de salto de altura estaba maduro para la innovación.

Dick Fosbury no lograba dominar las técnicas de salto utilizadas hasta ese momento, cuando se encontraba en su etapa de aprendizaje a mediados de los años 50. Después de mucho entrenamiento, Fosbury empezó a obtener resultados que le permitieron mejorar sus saltos y llamar la atención de sus entrenadores. Poco a poco Fosbury, sin la autorización ni la guía de sus entrenadores, y actuando por instinto, introdujo una nueva técnica para saltar el listón: se acercaba a él en carrera y justo cuando saltaba para superar la barra, giraba su cuerpo completamente y caía sobre su espalda.

Sus entrenadores lo instaron a mantenerse dentro de las técnicas establecidas, pero al ver que Fosbury cada vez conseguía mejores resultados, tuvieron que aceptar que el salto del muchacho era mejor que cualquier otro. Con un salto de 1’90 metros, el joven atleta impuso una nueva marca en su escuela secundaria a falta de tres años para su graduación y, al año siguiente, en los campeonatos estatales, finalizó segundo al conseguir un registro de 1’97.

Su particular estilo de sobrepasar la barrera se hizo famoso cuando una fotografía empezó a circular a nivel mundial, con el epígrafe de "El saltador más perezoso del mundo", provocando risas y burlas en todos los que la observaban. Un reportero del diario de la ciudad natal de Fosbury, escribió que el saltador parecía "un pescado recién sacado del agua, dando saltos dentro de un barco".

Fosbury se matriculó en la Universidad de Oregon en 1965 y tres años más tarde ya era campeón universitario nacional, además de imponerse en los clasificatorios para los Juegos Olímpicos de 1968, en Ciudad de México, escenario que, posteriormente, lo consagraría en la historia deportiva. Sus primeros saltos sorprendieron a los espectadores que nunca habían visto esta técnica. Una sensación de incredulidad prevalecía ante el singular estilo de Fosbury. Muchos se burlaron. De hecho, los aficionados creían que se trataba de una broma. “Cuando la final se ponga seria, el americano saltará como los demás”, decían. 

Para su último salto, todo el estadio estaba apoyando a Fosbury. El público estaba estupefacto al ver la efectividad de la técnica del norteamericano. La atención a la final del evento fue tal magnitud que su último intento llegó justamente en el momento en que los corredores del maratón olímpico (la prueba reina de las Olimpiadas) entraban en estadio, algo que siempre arranca una ovación de pie del recinto completo. En esta ocasión, sólo se escucharon unos aplausos tímidos entre las tribunas, pues todos los ojos estaban sobre el atleta.
Fosbury arrancó una gigantesca aclamación cuando superó el listón fijado en los 2,24 metros de altura y batió el récord olímpico.

Cuatro años más tarde, de los 40 competidores que participaban en la especialidad de salto de altura en Munich 1972, 28 utilizaban ya el método de Fosbury. En Moscú 1980, lo utilizaban 13 de los 16 finalistas. En Los Ángeles 1984, todos los atletas de esa disciplina deportiva utilizan ya el denominado “Fosbury Flop”.

Hoy, las viejas técnicas del salto de altura son inexistentes y cuando son investigadas por personas que nunca las han visto, generalmente surgen las risas y las miradas incrédulas.

La técnica de Fosbury ha trascendido la disciplina del salto de altura y se utiliza como ejemplo de innovación, mostrando que muchas veces cuando alguien rompe esquemas y parámetros termina llegando más lejos que aquellos otros que sólo se dedican a seguir las reglas y los caminos ya establecidos. A menudo, es preciso un cambio en el entorno – en el caso citado, el advenimiento de la más suave superficie de espuma en la zona de caída – para que emerjan las oportunidades de innovación. Dick Fosbury se aprovechó del cambio para dar al mundo su famoso innovador "Fosbury Flop".

¿Qué está cambiando en tu entorno? ¿Cómo puedes aprovechar la situación existente para crear una innovación disruptiva en tu mercado, en tu industria o en tu profesión?

– Manuel Ferrández
Esta entrada ha sido escrita por Manuel Ferrández, coach y autor del blog Creatividad e Innovación.