«¿Cómo puedo cambiar si son los demás los que no me dejan hacerlo?» Muy a menudo me enfrento a esta pregunta que, casi siempre, sale de los labios de una persona que trabaja en equipo. Buscamos desesperadamente una excusa que nos permita eludir iniciar ese cambio cuando, lo único que necesitas, la chispa que estás buscando, está justo ahí. Contigo.

Cuando junto a otra persona buscamos fórmulas para iniciar un cambio de hábitos suelo encontrarme, casi siempre, con una inicial y natural resistencia. Pero cuando esos cambios surgen dentro de un colectivo, como en los seminarios que imparto en empresas, esa barrera sube de golpe varias alturas hasta parecer insalvable. «Mis compañeros no me van a dejar» o «aquí es muy difícil trabajar, es casi imposible cambiar».

 

TODO ESTÁ EN TU MANO

Yo trabajé (viví) durante muchos años creyendo erróneamente que mi productividad estaba tan condicionada por los demás, que era inútil intentar nada. Que yo poco o nada podía hacer para mejorar si los demás no ponían de su parte. Que, trabajando en equipo, todo es el doble o el triple de complejo. Estaba equivocado.

Algo que aprendí a base de golpes y descubrimientos personales es esto: los rincones clave para mejorar mi productividad dependen única y exclusivamente de mí. Nadie me impide cambiar, aprender y mejorar en los aspectos fundamentales que yo necesito. Yo solo, sin la intervención de nadie más, puedo conseguir el cambio que busco.

Y es que, bien por desconocimiento, o por nuestra natural tendencia a eludir responsabilidades y echar balones fuera, nos encanta recurrir al «son los demás los que no me dejan». En Productividad y Gestión Personal no existe tal excusa. Y si uno la pone sobre la mesa es por pura elección.

 

CAMBIOS PERSONALES POSIBLES

Porque tú puedes poner en marcha un gran número de cambios. Sólo tú puedes incorporar nuevos y beneficiosos hábitos. Nadie más te lo impide.

Nadie te impide trabajar diariamente con una planificación de trabajo. Nadie te impide empezar a distinguir e identificar mejor lo que es y te pide cada tarea. Nadie te impide elegir mejor el momento para cada una de ellas. Nadie te impide ignorar el Email como primera actividad del día y sustituirla por otra de verdadero valor. Nadie te impide cuidar tu concentración matando distracciones personales (móvil, notificaciones…). Nadie te impide evitar caer en la multitarea. Nadie te impide hacer ahora una tarea que estás a punto de procrastinar (postergar). Nadie te impide preparar bien y nunca entrar a ciegas en una reunión. Nadie te impide empezar a distinguir mejor entre lo que son imprevistos y lo que son urgencias. Nadie te impide trabajar en el Email con filtros inteligentes para interpretar los mensajes que recibes. Nadie te impide empezar a decir “no” de un modo asertivo. Nadie te impide…

 

TRABAJANDO JUNTO A OTROS

Naturalmente que hay muchos otros aspectos que no dependen de ti. Como las interrupciones, como la comparitición de proyectos y tareas, como las urgencias impuestas que genera la mala organización del de al lado, como las reuniones mal enfocadas y realizadas, como los malos hábitos colectivos del Email…

Pero en lugar de obsesionarme sólo por lo caótico que es mi jefe, por lo desorganizado que es mi compañero de mesa, por el volumen de trabajo desigualmente repartido, o por «lo mal que se hacen las cosas»… ¿No será más práctico fijarme en lo que YO puedo hacer y cambiar? ¿No será más inteligente cambiarme a mí en lugar de quejarme por lo que me rodea?

Si verdaderamente buscas un cambio de rumbo en tu rendimiento o bien una auténtica revolución personal que te haga dar un giro total a cómo trabajas, la primera pieza del puzle eres tú. La chispa la tienes tú.

Por esto me apasiona y me dedico a la Productividad Personal. Este es el pequeño “milagro” que nos da: las herramientas y fórmulas para que yo mismo sin nadie más consiga una mejor versión de mí. Una versión en la que no me escondo detrás de disculpas, donde no echo balones fuera, donde con más madurez y profesionalidad digo: «¿Qué es lo próximo que voy a hacer para mejorar?»

— Berto Pena

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