La búsqueda de una mejor productividad personal se convierte en algo apasionante, primero como vía para llevar orden a nuestra vida y alejarnos del estrés, pero a medio plazo se convierte en una forma para moldear nuestro comportamiento y forma de ser. Aprendemos a gestionar nuestro quehacer con distintos métodos, pero para conseguir un cambio efectivo debemos ir más allá y cambiar nuestras pautas de comportamiento.

De forma implícita o explícita nos vemos obligados a actuar de forma distinta. Muchas cosas cambian sin darnos cuenta, al implantar un método o una técnica que mejora nuestro trabajo, estamos cambiando – sin darnos cuenta- nuestra forma de hacer. Unas pautas establecidas que se van asentando en nuestro subconsciente por medio de la repetición. Uno empieza actuando diferente porque se lo dicta su método de trabajo, anotando todos los detalles e ideas que se le pasan por la cabeza, o dedicando tus 2 horas semanales a revisar tus asuntos, sin embargo esto se va convirtiendo en algo menos forzado, más asumido, hasta que un día se acaba haciendo de forma totalmente natural e integrada, sin darse cuenta.

El problema se presenta cuando debemos introducir un hábito de forma explícita. Hay algo de tu rutina que quieres cambiar para obtener una mejora, pero está totalmente arraigado a ti. Resistencia generada por años de actuar de la misma forma.

Si decidimos lanzarnos por un cambio total y de forma repentina damos un paso hacia el fracaso. Para vencer la resistencia y conseguir sacar algo en claro hay que lanzarse a un proceso de diversas fases:

  1. Cambio de actitud. El primer paso consiste en darse cuenta que algo no va bien, o que podría ir mejor, y que dicho lastre está producido por nuestra forma de actuar. Una vez localizado y acotado hay que querer cambiarlo.
  2. Motivación y convicción. O dicho de otra manera, el momento en que se crean las condiciones para iniciar el cambio. Más que en un sentido anímico hablo de encontrar y entender aquello que vas hacer en lugar de lo que estás haciendo ahora. Una vez sepas el que, visualiza la situación de éxito donde que estas buscando. Esta imagen te dará la fuerza y las ganas para batir las resistencias que se presenten durante el proceso.
  3. Introducir el cambio en nuestra rutina. En un primer momento puede resultar difícil acordarse de dar ese primer paso. Por ejemplo si quieres implantar el hábito de levantarte temprano, anota en tu lista diaria de tareas poner el despertador a una determinada hora. Durante las primeras semanas te ayudara a no pasar por alto esta cuestión. Por otra parte ver la tarea anotada reforzará la convicción para llevarla a cabo.
  4. Seguir un camino de pequeños pasos. En situaciones donde hay que modificar distintas pautas de comportamiento es bueno fijarse pequeños objetivos que puedan completarse gradualmente. Cuando quise implantar el hábito de recopilar, antes me vi obligado a implementar micro hábitos como acostumbrarme a llevar siempre algo para anotar, detener mi actividad cuando viene la idea para anotarla, repasar a diario lo recopilado para enviarlo a mi bandeja de entrada… Tomate un tiempo en pensar cuales son los pasos que forman el cambio que persigues y según su complejidad organízalos en forma de secuencia.
  5. Gestionar el éxito o el fracaso. Si sale bien recompénsate. Un pequeño reglo, una pequeña concesión ayudara a reforzar la visión de lo hecho como algo positivo. Si la cosa no sale como esperabas no te castigues y analiza en frio porque no ha salido como debiera, recaba información y prepárate para empezar de nuevo el proceso.

 

Todos tenemos experiencia en el cambio de hábitos, con final feliz o no, pero somos pocos los que tomamos conciencia de su verdadera complejidad y de la necesidad de contar con una estrategia que vaya más allá del tesón y la insistencia para hacer que las cosas funcionen. Seguir unas pautas – también en este ámbito- nos ayudará a reducir nuestro índice de fracasos.

— David Torné

Entrada escrita por David Torné blogger especializado en Productividad Personal y GTD